“Estás a punto de entrar en el Habitáculo de la Vida en Común, opúsculo de La casa del Performer.
Abrir la puerta de esta casa supone superar la idea de un arte solipsista. Entra sin prisas, visita sus estancias, sé prudente y respetuosocon los habitantes de esta casa. Tu tránsito por las diferentes habitaciones puede alterar equilibrios y convivencias”.

 

Con este texto, Lluís Alabern nos invita a una casa (la suya) a jugar con espacios y vivencias (las suyas) y a interactuar con las personas (su familia). Un diálogo íntimo con desconocidos en una puesta en escena más próxima al performer que al cineasta, con el objetivo de que el propio artista ponga a prueba su capacidad de mostrarse a un público desconocido que accede a su intimidad via internet.

Los secretos expuestos en la andadura por la casa convierten un espacio generado en 3D en un contenedor de experiencias emotivas, que desconocemos pero intuimos. Por esta razón solo se nos ofrecen imágenes fijas, retazos, para que, como espectadores imaginemos posibles experiencias.

El artista deja, sin embargo, un punto de permeabilidad, un agujerito de escape y comunicación con el exterior encarnado en la libreta de la cocina: Alabern nos insta a enviarle recetas bajo el compromiso de llevarla a cabo junto con su familia (en conexión directa con el pasado performer de Lluís). No sólo la experiencia de elaborar las recetas sino las vivencias, el día a día de la convivencia de Lluís y su pareja, se expondrán en un weblog, escrito a cuatro manos por ambos. La cocina es, así, entendida como espacio de preparación de alimentos y reflexiones.

Lluis Alabern desnuda su intimidad con una única condición: que nos desprendamos del morbo que despierta entrar en la casa de un desconocido. Debemos ser respetuosos con los trocitos de intimidad (en ocasiones vergonzosa para el propio artista) con los que Alabern obsequia, o corremos el riesgo de no poder volver a visitar la casa. No olvidemos que estamos de visita y el invitado descortés nunca vuelve a ser convidado de nuevo.

Mery Cuesta

 

 

entrar a la casa del performer